La luz es escasa, apenas una vela me permite ver un poco más allá de mis ojos.
Me siento sola y triste casi todo el tiempo... a veces río, cuando vienen a mi cabeza los recuerdos de vidas pasadas... pero en general, casi todo el tiempo estoy envuelta por la oscuridad.
Las espadas de mis sueños de guerrera penden de un clavo en la pared que está frente a mi sillón, un sillón cómodo que me acoge con calor.
Cuando tengo un poco de fuerza, me levanto, camino hacia la pared de enfrente y sostengo con ambas manos la espada más grande, la más brillante, la más pesada. Siento que me debilito, así que la dejo de nuevo en su sitio y regreso a mi sillón a ver pasar frente a mí el vacío... y si todavía me queda un poco de fuerza, me sumerjo en las historias que hay en mi cabeza... sueños de batallas ganadas, de viajes interminables, de seguridad y tranquilidad.
Mi mente me engaña... juega conmigo un rato y después me regresa a mi pequeña casa rodeada de nada.
Quisiera morir de hambre, de desvelo... simplemente quisiera desaparecer sin dejar nada, esfumarme de la vida que pocas veces disfruto, hacerlo antes de que la oscuridad se alimente con mi sangre.
Si realmente existiera esa espada frente a mí, la clavaría en mi pecho, así al menos podría sentir algo real dentro de mi cuerpo, diferente a todas esas imágenes que sé que invento para no ser tan infeliz, para tratar de convencerme que saldré pronto de aquí.
No hay salida... y aunque la hubiera, estaría sola allá afuera, en medio de la nada.
Tengo miedo de mi misma, me aterra más estar conmigo que quedarme sola, me agota llorar, pero no me mata.
Si pudiera al menos introducirme en un sueño, sin saber nunca que no es real... así podría acallar el dolor y el lamento que expira mi cuerpo... así podría desaparecer mi conciencia.
Me siento tan sola, tan devastada.
Quisiera sangrar hasta la muerte... o morir del llanto.
Ahora que me siento tan sola... extraño las sombras que alguna vez bailaron frente a mí, los toquidos en la puerta que no me dejaban dormir, el monstruo de ojos brillantes que se alimentaba de terror, el dios alado que me llevaba consigo a mi pasado, la isla de criaturas gigantes y adultos-niños, las innumerables caídas al vacío que terminaban en resurrección, el olor a muerte que conocía tan bien, las habitaciones plagadas de recuerdos, el dormitar de las aves en mi cuerpo, el cielo magenta, los tulipanes en mi jardín...
Sucumbe mutilada
Lágrimas secretan mis ojos,
palidece la mirada ante tu ausencia,
sucumbe la razón con tu palabra...
caigo,
espero
y caigo otra vez.
Me sumerjo en un sueño divino,
cierro los ojos y siento una vez más tu distancia,
tu fría indiferencia
y sin quererlo de repente siento aquella presencia inerte,
profunda soledad que se apodera de mi cuerpo,
me arrastra,
me mutila...
Oigo latigazos acercándose a mí,
los reptiles se levantan,
se alzan y me envuelven con su cola,
las insignificantes patas se convierten en fuertes yugos
incapaces de romperse con mi llanto.
Lloro,
no me queda más y lloro sin cesar.
Detengo en mi memoria ese sosiego,
estremezco en mi mente el silencio
y caigo sin tocar fondo jamás,
sin parar.
Y sin pensarlo,
me levanto y empiezo a andar
Febrero 22, 2002. 4:20 pm