Caigo en picada al vacío, siento que una parte de mi cuerpo se escapa de tu abismo y simplemente... caigo en picada al vacío.
¿Está bien esto que me está pasando? Resuena en mi mente la pregunta... ¿está bien lo que pasó contigo?
No quiero responder, no quiero pensar, no quiero visualizar nada... simplemente quiero caer y caer... sin parar jamás.
Me angustia, como siempre, no saber nada. Me inquieta tener tanta angustia en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón.
Todo da vueltas y vueltas, sin parar... por eso no me gusta sentir... por eso me limito a ver sin salir de casa, por eso intento quedarme adentro, tranquila, sin mirar hacia ningún lado.
¿Qué hay de malo con estar sola? ¿Por qué insisto en volcar mis sentimientos hacia fuera de mí? ¿Por qué se aferra esa fuerza ajena a no dejarme tener paz sola, acompañada, desolada, olvidada?
Me duele el corazón... me duele el pensamiento... me duelen hasta las lágrimas que se acumulan en mis ojos.
Siempre me arrepiento... siempre tomo malas decisiones, siempre se agolpa el dolor en mi pecho... siempre me duele... ¿por qué siempre tiene que doler? ¿Por qué tengo tanta capacidad para visualizar el futuro y tan poca para detener mi corazón?
Caigo... caigo y no paro de caer... siempre caigo... ¿por qué hay tantos “siempres” que me duelen tanto?
¡Ya no quiero sentir!
¡Ya no quiero pensar!
Solamente quiero quedarme donde estaba, como estaba... con historias creadas en mi mente... con una firme idea de partir... con el corazón roto, pero estable... con mi mente fragmentada, pero entera... sola, pero acompañándome... triste, pero...
Si te vas... ya no podré tener nada... como siempre.