Agonizas…
Colores yermos secretan tu piel.
Un lamento tardío explota en tu cráneo;
lágrimas desvanecen tu memoria.
¿Qué fue, qué pasa, qué viene, dónde estás?
“¿Qué buscó?”,
sollozas en voz baja.
Tiembla adentro de tu piel,
el verde se levanta mientras tu sangre deja de drenar.
Conciencia súbita… destello cegador que se aferra a tu cabeza.
Las imágenes vuelven,
todas juntas,
sobrepuestas,
carentes de coherencia,
te envuelven como el mar…
Tienes sed, la lengua se retuerce en tu boca
y con la poca fuerza que te queda decides arrancarla de una vez.
Oscuridad…
un negro espeso se apodera del lugar,
ya ni siquiera puedes verte.
“Estoy muerto”,
resuena una voz en tu cabeza.
La claridad se cuela lentamente por las rejillas de tu ventana;
un blanco intenso rodea tu cuerpo;
bajo tu cabeza reposa una almohada bañada en rojo
y en tu pecho descansa marchito el músculo inerte.
Un timbre ensordecedor resuena en la habitación,
abres los ojos de golpe,
respiras hondo,
detienes el ruido con tu mano ensangrentada
y estallas en un grito sofocado que se atora en tu garganta al tiempo que la voz te habla adentro…
como siempre,
como nunca,
para siempre…
Colores yermos secretan tu piel.
Un lamento tardío explota en tu cráneo;
lágrimas desvanecen tu memoria.
¿Qué fue, qué pasa, qué viene, dónde estás?
“¿Qué buscó?”,
sollozas en voz baja.
Tiembla adentro de tu piel,
el verde se levanta mientras tu sangre deja de drenar.
Conciencia súbita… destello cegador que se aferra a tu cabeza.
Las imágenes vuelven,
todas juntas,
sobrepuestas,
carentes de coherencia,
te envuelven como el mar…
Tienes sed, la lengua se retuerce en tu boca
y con la poca fuerza que te queda decides arrancarla de una vez.
Oscuridad…
un negro espeso se apodera del lugar,
ya ni siquiera puedes verte.
“Estoy muerto”,
resuena una voz en tu cabeza.
La claridad se cuela lentamente por las rejillas de tu ventana;
un blanco intenso rodea tu cuerpo;
bajo tu cabeza reposa una almohada bañada en rojo
y en tu pecho descansa marchito el músculo inerte.
Un timbre ensordecedor resuena en la habitación,
abres los ojos de golpe,
respiras hondo,
detienes el ruido con tu mano ensangrentada
y estallas en un grito sofocado que se atora en tu garganta al tiempo que la voz te habla adentro…
como siempre,
como nunca,
para siempre…